The Honourable Woman, ¡qué vivan las miniseries!

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Puede que la idea original de una serie sea sumar temporadas y temporadas manteniendo fiel a la audiencia, a quien durante su emisión le habrá dado tiempo a cambiar de empleo varias veces, entrar en el paro otras tantas, vender su coche, cambiar de estado civil, tener unos cuantos retoños y esas cosas que pasan cuando entre el inicio y el fin de una serie media una pila de años. Ahí están Los Soprano, que comenzó a emitirse en el 99 y no acabó hasta 2007, la misma Mad Men, que ya va por su octavo año, o Breaking Bad, que nos tuvo en vilo durante casi siete años. Nosotros somos los primeros que estábamos deseando que niguna de esas series acabara nunca. Pero también hay que reconocer que lo de las miniseries tiene su punto: sabes que cuando acabe esa temporada se habrá acabado también la trama, y eso, para los que tenemos cierta tendencia a enviciarnos con todo, es un alivio.