How to get away with murder o cómo liarla parda con cuatro estudiantes y una Rottenmaier

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Decían que la nueva de Shonda Rhimes, la creadora de Scandal o Anatomía de Grey entre otras, se estaba llevando de calle las audiencias de las noches de los jueves: 14 millones de espectadores en el primer capítulo; menos público, pero una cantidad nada despreciable, en el segundo, que vieron casi 12 millones de estadounidenses. Así que pensamos que había que echar un vistazo a esa serie que tenía un título tan a lo libro de autoayuda -aunque de momento a nadie se la ha ocurrido escribirlo, quizá por aquello de no dejar pistas para el tribunal-. El caso es que nos plantamos ante How to get away with murder, algo así como Cómo librarse de un asesinato, con muchas ganas de ver qué es lo que hace que esta mujer convierta en oro todo lo que toca. Y ya en el primer capítulo obtuvimos la respuesta.

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Una de secretos: la serie del proyecto Manhattan

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Vamos a empezar este post confesando que somos un poco incoherentes. Por eso vemos series que en principio no nos apetecen -luego ya si eso nos cabrearemos por no habernos hecho caso a nosotros mismos-. O nos enganchamos a un thriller cuando lo que buscábamos era una comedia. O ponemos verde una serie a los tres capítulos pero acabamos por no dejarla hasta que acaba. Esa es la razón por la que empezamos a ver una serie de las que nos daban mucha pereza. No por los actores – el casting sí es muy apetecible- o porque tuviera un argumento muy trillado -en principio puede parecerlo, aunque luego no es así-, sino porque está ambientada en una época que siempre nos echa un poquillo para atrás, la II Guerra Mundial. Y para más tela, el tema sobre el que se desarrolla toda la serie no puede estar más ligado al conflicto bélico de mitad del siglo XX. Pero andábamos en época de sequía y no encontramos nada mejor. Moraleja: no te fíes de tus prejuicios. Tuvimos que reconocer (otra vez) que no damos una. Manhattan, que a todo esto no os habíamos dicho de qué serie hablábamos, está no sólo pasable sino bastante bien. Os contamos por qué.

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Prisoners Of War, el Abre los Ojos de Homeland

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Anda que no echamos pestes contra la última temporada de Homeland, pero nos pudo la curiosidad. Más que nada porque tanto la primera como la segunda temporada de la serie que protagonizaban los ahora famosísimos Brody y Carrie nos tuvieron pegados a la tele y ahí no tenemos ningún pero que valga. Por eso un día se nos ocurrió echar un vistacillo a la serie israelí en la que está basada Homeland, y resulta que nos llevamos una sorpresa de las buenas. Como cuando te encuentras 10 eurillos en los vaqueros que acabas de recoger del tendedero, pero mejor.

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The Assets, una de espías que merecía más cancha

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Para cuando quisimos verla resulta que la cadena ABC ya la había cancelado. Y claro, esa publicidad es regulera: si una serie no aguanta en parrilla ni tres capítulos -caso de The Assets- es que tiene que ser un bodrio de mucha tela. Algo como Hermanos y Detectives o Manolo y Benito Corporeision pero a lo americano. Eso pensábamos antes de ver este verano la gafada The Assets -al final acabaron poniéndola a horas intempestivas en pleno agosto, que ya que la serie estaba pagada, algo había que hacer con ella-. Porque resulta que la serie no está nada mal. Vamos, que nos la tragamos en otro atracón de esos casi sin pestañear, a excepción de los dos primeros capítulos, que efectivamente no son los mejores para atrapar al personal.

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The Honourable Woman, ¡qué vivan las miniseries!

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Puede que la idea original de una serie sea sumar temporadas y temporadas manteniendo fiel a la audiencia, a quien durante su emisión le habrá dado tiempo a cambiar de empleo varias veces, entrar en el paro otras tantas, vender su coche, cambiar de estado civil, tener unos cuantos retoños y esas cosas que pasan cuando entre el inicio y el fin de una serie media una pila de años. Ahí están Los Soprano, que comenzó a emitirse en el 99 y no acabó hasta 2007, la misma Mad Men, que ya va por su octavo año, o Breaking Bad, que nos tuvo en vilo durante casi siete años. Nosotros somos los primeros que estábamos deseando que niguna de esas series acabara nunca. Pero también hay que reconocer que lo de las miniseries tiene su punto: sabes que cuando acabe esa temporada se habrá acabado también la trama, y eso, para los que tenemos cierta tendencia a enviciarnos con todo, es un alivio.

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Studio 60, ¿la serie perfecta?

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Hoy vamos a cometer un pecado. Aún a riesgo de que quienes sorprendentemente nos leen dejen de leernos. Y todo porque nos ha dado por ser un poquillo honestos: prometimos ser sinceros y contar lo que nos diera la gana, así que ahí va nuestro suicidio bloguero en el mundo de las series: Studio 60 on the Sunset Strip no nos pareció la bomba. Vamos, que a ratitos incluso nos sorprendíamos mirando el móvil o el folleto de comida china o lo que hubiera cerca de la mesa donde está LA pantalla. Ya, esto no se puede decir en alto porque Aaron Sorkin, el creador de esta serie, es un tipo brillante, y estamos de acuerdo en lo último. Pero qué queréis que os digamos… Studio 60 no nos enganchó. Y ahí van los por qués.

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Nuestro querido Sherlock

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Ya os hemos contado en alguna ocasión que no ganaríamos un duro como pre-evaluadores de posibles éxitos: lo que de primeras, cuando te cuentan el argumento, nos suena a fracaso del gordo resulta ser buenísimo. O viceversa: lo que sonaba a serie de las buenas acaba siendo un fiasco cuando lo ves materalizado en pantalla. Y eso que, como somos conscientes de que fallamos tela, últimamente procuramos no prejuzgar. Aunque en este caso era difícil: ¿cómo es posible que el cansino de Sherlock Holmes -¿cuántas películas han hecho sobre este personaje?- protagonizara una serie que resultara entretenida, con sentido del humor, sorprendente y actual sin perder cierto aire a siglo XIX? Pues sí, era posible. Y tanto que sí.

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Black Mirror, ¡de vuelta!

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Hace unos días RadioTimes anunciaba que por fin se confirma el regreso de Black Mirror, esa serie británica que desconcertaba, enganchaba, irritaba, provocaba, vaticinaba un posible futuro sin mucho corazón y se atrevía con cualquier cosa. Todo a partes iguales. Así que toca descorchar champán, bailar la sardana o lo que sea que nos apatezca para celebrarlo, que aquí cada uno tenemos nuestros rituales no confesables. El caso es dar la bienvenida a un nuevo capítulo de esta serie acerca de lo brutitos que podemos llegar a ser cuando nos empeñamos en esto de las nuevas tecnologías sin medir las consecuencias. Y todo gracias a Charlie Brooker, un personaje que nos tiene fascinados.

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7 razones por las que ver Dates

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Seguro que ya casi todos habréis visto u oído hablar de la que dicen que fue la serie del verano. Sobre todo porque no se referían a este verano sino al de 2013, y 12 meses son mucha tela como para no haberse puesto al día. Pero a nosotros nos dio por ir de listos y no hacer caso pensando que la serie no era para tanto. Más que nada porque contada en dos líneas nos echaba un rato para atrás: se trataba de ser el espectador de la primera cita de dos desconocidos que habían contactado por Internet. En realidad, de 9 primeras citas, los capítulos que tiene la serie. E igual nos pilló poco amorosos, pero la cosa es que no nos apetecía ni pum. Luego resultó que ni siquiera iba sobre el amor.

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Mammon: no siempre se acierta

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Algún día había que pinchar, que ya llevábamos una buena racha enganchando una serie que nos encantaba con otra que nos alucinaba y con otra más que nos intrigaba más que ninguna. Pero cuando empezábamos a creer que los noruegos nacen un gen que les impide hacer series que no sean geniales vimos que se nos había ido un poco porque ya era demasiada tela. Que conste que las hacen, y muy buenas, pero claro, de vez en cuando se cuelan también, que si no esto no tendría gracia. Les ocurrió con Mammon, una serie que según todo quisqui -o casi todo- era la “justa heredera”, “sucesora indiscutible” y otras historias del estilo de la estupendísima Bron/ Bröen. Y que nos perdonen los escandinavos, pero anda que no queda lejos.

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